“Austeridad republicana”, otra mentira de la 4T
Opinión de
La presidenta Sheinbaum aún puede fortalecer la esperanza y la confianza de las fuerzas políticas si realmente decide abandonar el incómodo papel de continuadora de una obra que se tambalea.
Si rescatar a los pobres y acabar con la corrupción fueron la fortaleza de Morena y de AMLO en el 2018, hoy esta claro que ambas promesas sólo fueron base para el dispendio sin control y un simple engaño colectivo para el uso electoral de los votantes.
Algunos dirigentes morenistas empiezan a parecerse al mítico Uroboro, un ser que se devora a sí mismo y exhibe el desgaste que precede a su caída. “¿Quién decide qué es lujoso?”, pregunta un encumbrado morenista que ayer condenaba el derroche. Quizá la verdadera pregunta sea ¿quién decide qué es el cinismo?
¿Qué pulsiones aconsejan ejercer coerción y obligar a un ciudadano a ofrecer disculpas a un funcionario durante 30 días, por señalar y opinar de un hecho de interés público?
La presidenta ha intentado, sin éxito recomendar austeridad y humildad a los servidores públicos morenistas. Con excepción de García Harfuch, Luz Elena González y Marcelo Ebrard -designados por ella- su gabinete navega “de a muertito”, no le hacen caso o se entregan al confort y la disipación.
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