El Bestiario… Gasto millonario de 182.4 MDP en publicidad de Lorena Cuéllar y su imagen por los suelos
Opinión de Edgar García Gallegos
La gobernadora morenista de Tlaxcala ha gastado la nada despreciable suma de 182.4 millones de pesos en publicidad oficial, recursos ejercidos de manera discrecional para difundir las acciones de su administración. Esto equivale a un promedio mensual de 3.8 millones de pesos, que multiplicado por los cuatro años de su gestión nos da esa cifra.
No se le cuestiona a Cuéllar Cisneros que destine presupuesto para promover su gobierno —la ley lo permite—; los medios de comunicación son empresas y, como tales, cobran por un servicio. El problema no es ese.
Lo verdaderamente preocupante es que, en este esquema de “apoyo” a más de 60 medios —incluidos al menos cuatro de corte nacional— no se conocen los criterios de asignación, no hay contratos auditables, ni reglas claras. Se desconoce como el Órgano de Fiscalización Superior (OFS), le justifica esos gastos.
La opacidad reina. Esta relación entre poder y medios fomenta censura encubierta, debilita la libertad editorial y, para colmo, la millonaria inversión no se refleja ni en la percepción, ni en la popularidad de la gobernadora. ¿Quién gana, entonces, con este modelo de gasto público? ¿Quién se está beneficiando realmente en el ecosistema mediático de Tlaxcala?
El caso de un “medio de comunicación digital” que también tiene una “radio” y recibe dos pagos por distintos convenios, aunque opera como el mismo grupo, es solo una muestra de estas curiosidades de la 4T.
Hoy, Tlaxcala tiene una gobernadora en el sótano de la aprobación ciudadana, con una agenda digital irrelevante donde los XV años de una joven tlaxcalteca generan más atención que su administración.
Tres voceros han pasado por esta gestión y ninguno logró posicionar a su jefa pese a los 182.4 millones disponibles para ese propósito. Un rotundo fracaso en estrategia y comunicación política.
Y sí, se habla de una relación tóxica con los medios. Porque el equipo de Lorena Cuéllar no resistió la tentación del control, como cuando intentaron prohibir la difusión de un video donde la gobernadora regañó a una reportera en público. Fracasaron: el material se viralizó en algunos medios locales y nacionales, exhibiendo la virulencia e irritación de una mandataria sin manejo emocional.
Frases como “La jefa está enojada porque publicaste esto” o “le diste mucha voz a fulano O Zutano” fueron recurrentes en esta administración, alimentando el temor y la autocensura.
Y ahora, el nuevo vocero Antonio Martínez, que presume de transparentar su paso por la función pública, guarda un sospechoso silencio ante estos números de los que nadie quiere hablar. En Finanzas, incluso, parece secreto de Estado.
Lo irónico o lo incongruente es que el propio Martínez participó hace unos años en el informe “Comprando complacencias: publicidad oficial y censura en México” (Buying Compliance: Governmental Advertising and Soft Censorship in Mexico), elaborado por WAN-IFRA.
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