El Bestiario…Los cuatro años perdidos de la más votada en Tlaxcala
Opinión de Edgar García Gallegos
Acaba diciembre y con él el cuarto año de gobierno de la política más votada en la historia reciente de Tlaxcala.
Lorena Cuéllar entra a su quinto año con el reto mayor de levantar la imagen que su propio equipo, el que ella eligió, terminó por erosionar.
Es cierto que el poder desgasta, pero el caso de la 4T en Tlaxcala merece una lectura aparte. Muchos dentro del propio movimiento se preguntan por qué, si se presumen obras, inversiones y “ciudades” de todo tipo, la gobernadora carga con un rechazo tan alto en encuestas y redes sociales, dejando fuera las aldeas de bots que solo existen en la imaginación de quienes intentan comunicar.
La respuesta es simple: el equipo le quedó chico a las aspiraciones de Lorena Cuéllar de marcar un antes y un después.
Cuatro años perdidos por no saber elegir a sus cuadros, por los relevos constantes y, sobre todo, por el desastre en la vocería, donde desde el primer día comenzaron a cavar su tumba.
Cuatro voceros, dos secretarios de Gobierno, seis titulares de Seguridad: la numeralia del desajuste.
En medio de ese caos administrativo, la gobernadora enfrenta una contradicción que ya dejó de ser coyuntural para convertirse en el sello de su gestión: un aparato de seguridad que presume récords históricos frente a una ciudadanía que no los siente, no los cree y no los vive.
Sobre el papel, el expediente es impecable. Se rediseñó el marco jurídico del modelo de seguridad; se elevó a ley el Servicio Profesional de Carrera Policial; se aprobaron nuevas normas de ascensos, estímulos y disciplina; se concretó la transición de Procuraduría a Fiscalía con autonomía formal y más de 365 nuevas plazas; y se creó una Unidad de Inteligencia Patrimonial alineada al modelo federal.
La inversión supera los 8 mil millones de pesos y coloca a Tlaxcala como el estado con mayor gasto en seguridad por habitante y primer lugar nacional en transparencia del gasto.
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