Señorío Tlaxcalteca… Habrá continuidad o un desmantelamiento del lorenismo
Siete rasgos del fin del poder
2.- El recuento de los daños. Desde el poder el político daña a personas y grupos con conciencia y sin ella. Y cuando el poder es excesivo, se ofende pensando que no va a haber venganzas de retorno. Por eso cuando el poder se pierde, la vida pasa factura. El recuento de los daños es amplio e inimaginable. Son cientos las personas que el político afectó con su verbo y con su acción. Están también en la lista los actos en los que no midió las consecuencias.
3. La huida de los leales. Los primeros que se van cuando se pierde el poder, son los que juraban amor eterno al político. Los que fanfarroneaban su lealtad exagerada. Los que gritaban: lo que diga el jefe, todo por el jefe, siempre con el jefe. La lealtad es la pasión más frágil de la política. Fenece con el poder. Y los pocos que quedan, tarde que temprano se van. Inevitablemente se van.
4. La cruda de la soberbia. La soberbia es la primera víctima del fin del poder. Es el despertar amargo del político. La derrota de su arrogancia. La resaca. Es cuando el político ya no se siente ni se ve más grande de lo que es. La soberbia se convierte en dolor y luego en realidad. En una humildad tardía. La soberbia es la borrachera del poder y también su cruda.
5. El recuento de los enemigos. Nadie sabe cuántos enemigos tiene, hasta que deja el poder. Aparecen o regresan con más fuerza y rencor. Con sed y hambre de venganza, ese platillo que para algunos se come frío. Los enemigos ahora están en igualdad de circunstancias. Ya sin las desventajas que tenían ante quien tenía el mando, el presupuesto y la estructura. Ellos hacen la pesadilla más cruel. Vienen con su odio a sabotearlo todo. A no dejar en paz a quien en su tiempo les humilló.
6. La soledad inesperada. La soledad es dura cuando no se busca. Cuando llega de pronto por las circunstancias adversas. La soledad es fría cuando el poder se ha ido o se le ha quitado al político. Pocos o nadie lo procura. Nadie le pide favores o le invita al banquete. El desprecio ya no es solo de los enemigos: ha mutado también a los suyos.
7. El arrepentimiento tardío. Los errores hechos están. No hay manera de revertirlos o enmendarlos. No hay derecho al arrepentimiento. Al pueblo no les gusta los que tuvieron y ya no tienen poder. Se ensaña con ellos. Es una de las reglas inevitables de la política. El pueblo eleva, ensalza y deja caer al político. Ya en el suelo, le desprecia y se burla.