El Bestiario | “No lastimen a Tlaxcala”: El enojo como política de seguridad
Opinión de Edgar García Gallegos
La seguridad en Tlaxcala se ha convertido en una cuestión de discursos, más que de resultados. Esta semana, la gobernadora Lorena Cuéllar protagonizó un momento incómodo —y revelador— al ser cuestionada sobre los intentos de linchamiento en la entidad.
La molestia fue evidente. La prensa preguntó por la percepción de inseguridad y ella solo reprochó, “No lastimen al Estado cuando dicen cosas que no son”. Lo dijo en tono firme, casi maternal, como quien amonesta por hablar de más en la mesa.
Lorena Cuéllar, respondió de mala manera a una reportera que solo preguntó el aumento de intentos de linchamiento en la entidad: “Por esos malos comentarios que tú haces… eso también lastima al Estado”, dijo visiblemente molesta a la compañera periodista Ana Sánchez.
Nadie de los presentes, incluido el vocero expresó algo, todos se quedaron callados.
En lugar de asumir fallas o reconocer la desconfianza ciudadana, la morenista culpó a la prensa de afectar la imagen del estado.
Pero los datos y los hechos están ahí: vecinos que prefieren hacer justicia por mano propia, videos que circulan en redes mostrando a ciudadanos organizados para atrapar ladrones, y una creciente desconfianza en las instituciones. Frente a ello, la respuesta oficial fue culpar al mensajero: que si la prensa desinforma, que si la crítica espanta inversiones, que si la ciudadanía no denuncia.
Mientras tanto, la narrativa gubernamental se sostiene con frases como “nos da mucho gusto” por cada banda detenida o auto recuperado, en un esfuerzo por mostrar eficacia a través del número de C2 inaugurados. Pero, ¿puede la infraestructura sola sustituir la confianza ciudadana?
La escena pareció más un sketch que una conferencia. A cada pregunta incómoda, la mandataria ofrecía una mezcla de justificación técnica, dato a medias y escudo emocional: “Eso no es verdad”, “nos avisaron a tiempo”, “ya detuvimos a ocho personas”. Todo mientras corregía públicamente a periodistas, dando lecciones de lo que se puede o no decir sin “lastimar al Estado”.
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