#ElBestiario | Tlaxcala: cámaras millonarias, miedo gratuito.
Opinión de Edgar García Gallegos
¿De qué sirve presumir miles de millones invertidos en cámaras del C5i y C2 municipales, si la población vive con miedo y el crimen campea en las calles sin consecuencias? Las cifras de seguridad de Lorena Cuéllar y los alcaldes siguen colgadas de una narrativa publicitaria, pero los hechos —esos que graba la gente y no el gobierno— retratan una realidad aterradora. Tlaxcala arde en silencio, mientras la autoridad se refugia en sus informes optimistas y comunicados vacíos.
Tres casos movieron en las últimas 72 horas a Tlaxcala en materia de seguridad.
El caso de Andrés N., empresario de Xiloxoxtla privado de su libertad, y golpeado en su propia casa en la colonia La Joya en Tlaxcala capital, es una síntesis del estado de vulnerabilidad absoluta en el que se encuentra la ciudadanía. No hubo respuesta oportuna. No llegó la policía. No sirvió la red de videovigilancia. Solo quedó el horror y un video que circula como testimonio del vacío institucional. El mensaje es claro: el crimen actúa con total impunidad, y la autoridad solo responde con comunicados.
Un vendedor de hot dogs fue atacado mientras guardaba su carrito en Acuitlapilco. Golpeado, asaltado y dejado a su suerte, en una escena más que evidencia cómo la violencia ha perforado la cotidianidad más sencilla. ¿Cuánto más hay que soportar para que las autoridades acepten que fueron rebasadas? Los vecinos activaron la alarma vecinal y protegieron al comerciante. La policía llegó media hora después. Otra vez, el Estado llegó tarde. O no llegó.
Mientras “El Leches”, implicado en el linchamiento de dos policías estatales, fue capturado en EE.UU., la justicia tlaxcalteca sigue dormida. El presunto criminal cruzó la frontera, fue deportado, volvió a ingresar y finalmente fue detenido por agentes estadounidenses. ¿Y la Fiscalía de Tlaxcala? Apenas “esperando la notificación”. El mérito ni siquiera es local. Lo que hay en casa es rezago, descoordinación y un sistema penal que solo reacciona cuando otros hacen el trabajo.
Ya no es tiempo de sostener una narrativa, Tlaxcala no es el “estado más seguro”. Es urgente cambiar el discurso triunfalista por uno que reconozca la realidad, que acepte que el gobierno requiere apoyo, y que, con humildad, pida ayuda a la ciudadanía para enfrentar el caos. No más propaganda. Es tiempo de despertar.
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