Señorío Tlaxcalteca… Los 500 años de Tlaxcala: Una bofetada al legado de una República
Opinión de Martín Ruiz
En un acto que parece una broma de muy mal gusto, el gobierno del estado de Tlaxcala y la Comisión para la Conmemoración de los 500 Años de la Fundación de la Ciudad de Tlaxcala que preside la longeva Beatriz Paredes Rangel, han presentado el programa de eventos de celebración que no son otra cosa sino un desfile de distracciones baratas, simples, envueltos en el manto falso de la “cultura y las artes”.
Bajo el lema «Sin Tlaxcala no hay México», una frase vacía en medio de la evidente ignorancia de la historia de esta administración, se anuncia un festín de actividades en octubre, gratuitas en apariencia, pero pagadas por Usted, sí, con los impuestos de un pueblo que merece algo más que esta colección de ocurrencias.
Imaginemos por un momento lo que va a pasar: un Festival Circense que invita a payasos y trapecistas a saltar por las plazas donde una vez se forjó la alianza que doblegó al imperio mexica; conciertos de bandas y grupos como Jesse & Joy o Jorge Domínguez, hágame el favor, que llenarán el aire de ritmos efímeros mientras la inseguridad cotidiana acecha en cada rincón de Tlaxcala; un Festival Internacional de Títeres con su infantil encanto, que tiene una tradición de décadas, con su respeto y prestigio por separado, no de esta festividad. ¿Y el videomapping? Proyecciones luminosas que bailarán sobre fachadas históricas, proyectando sombras de un pasado glorioso que el presente ignora con deliberada ceguera.
Otros espectáculos, no son eventos artísticos; son bufonadas, circos para que el pueblo olvide por unas horas de ruido y luces, los linchamientos que manchan nuestras comunidades, los asesinatos que dejan familias en el duelo perpetuo, la corrupción que devora presupuestos como un cáncer invisible y la opacidad de un gobierno donde la transparencia es solo un adorno retórico.
Reuniones de “notables” que serán una vergüenza, un insulto directo al rostro de los tlaxcaltecas. Ocurrencias sin ton ni son. ¿Cómo es posible que los encargados de organizar esta celebración memorable, burócratas que recitan discursos obligatorios como loros bien entrenados, no hayan tenido la decencia intelectual, ni un ápice de sensibilidad histórica, para diseñar una festividad que eleve el espíritu fundador de Tlaxcala? Esta ciudad, erigida en 1525 como una de las primeras de la Nueva España, no es un mero escenario para espectáculos en los que aparezca la gobernadora y familia en busca de aplausos preparados. No, no es su fiesta.
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Los 500 años de Tlaxcala: Una bofetada al legado de una República – Señorio Tlaxcalteca