Balas legales, muertos reales
Opinión de
Desde el inicio del actual gobierno federal se han incautado alrededor de 18 mil armas, y ocho de cada diez provienen de Estados Unidos. No se trata de pistolas artesanales ni de rezagos del mercado negro regional, sino de fusiles Barrett calibre cincuenta, ametralladoras, lanzagranadas y municiones diseñadas para perforar blindajes y derribar aeronaves.
Entre octubre de 2024 y febrero de 2026 se entregaron 9 mil 128 armas de fuego a cambio de estímulos económicos que van de 500 a 26 mil pesos. Mientras el Estado recupera miles de armas por la vía civil, cada año ingresan ilegalmente entre 200 mil y 500 mil desde el vecino del norte. Es como vaciar una piscina con un vaso, mientras la llave permanece abierta.
La violencia asociada a este flujo no es abstracta ni estadística. Los cartuchos calibre cincuenta identificados con las siglas L C de la planta Lake City, han sido utilizados para ‘rafaguear’ ayuntamientos, derribar helicópteros y asesinar a policías, militares y civiles. Son proyectiles con alcance de kilómetro y medio, diseñados para destruir vehículos y hoy disponibles para civiles en todo Estados Unidos. El problema no es solo que crucen la frontera, sino que existan legalmente en los estantes.
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