Culpar es fácil, gobernar no
En una conferencia matutina de la semana pasada, la Presidenta volvió a culpar a Calderón. Afirmó que convirtió la “guerra contra el narco” en el eje central de su gobierno y que colocó al frente de esa estrategia a García Luna, a quien calificó como aliado del crimen organizado. “Eso no se puede olvidar”, dijo, porque; según su narrativa; existe el riesgo de que vuelva a ocurrir. El mensaje no es preventivo: es justificatorio. La insistencia en no olvidar el pasado parece servir menos para evitar errores futuros y más para eludir responsabilidades actuales.
La contradicción se vuelve evidente cuando se observa el doble discurso con el que se juzgan situaciones similares. Mientras se condena sin matices a actores del pasado mexicano, la Presidenta mostró indulgencia frente al caso de Nicolás Maduro, el dictador venezolano trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y otros. Sheinbaum declaró que no está de acuerdo con que se detenga por la fuerza a un presidente, “incluso si fuera culpable”, y denunció la existencia de una campaña de propaganda contra Venezuela. La crítica aparece solo cuando conviene políticamente; además el error político de dejarse sin opciones para maniobrar con las acciones de Estados Unidos y su presidente.
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