Opinión de Verónica Malo Guzmán
A los mexicanos nos gustan las bromas. Pero hay malas bromas y la que nos acaban de recetar es de las peores; encima de ser excesivamente cara, anuncia el desastre que viene. Esta no se debió haber planteado y, ante los avisos de su puesta en marcha (que son varios), mejor hubiera sido cancelarla. Pero prefieren seguir horadando el problema. Les encanta.
Ya se aprobó la reforma judicial; desestimaron al INE que pedía más tiempo y más dinero para llevar a cabo la elección del Poder Judicial. A los del régimen lo único que les importó fue que, hasta el viernes pasado, las personas inscritas para ser votadas no llegaban ni a 3,000. “¡Hay que hacer algo!”, se dijeron alarmados.
Y como el viejo PRI ha resucitado en Morena, para este lunes, según el ministro en retiro Arturo Zaldívar de pronto ya se tenían cerca de 21,000 inscritos (según Ricardo Monreal, poco más de 10 mil; de acuerdo a Gerardo Fernández Noroña, más de 15 mil). ¡¿Quién da más?!, pareciera que gritaban. ¿Habrán permitido a los muertos participar? Nunca lo sabremos.
Otra cosa que a los mexicanos nos gusta es dejar todo para el último momento. A los abogados se les conoce por esperar al término de los tiempos procesales. Pero lo que se atestiguó este fin de semana fue otra cosa. ¿Quién desea participar en un concurso, certamen, elección, contienda si ya está previamente definido el ganador? Se explica la escasa participación.
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