El narcoleviatán
Opinión de
El mundo enfrenta un fenómeno global. Y no, no me refiero al alineamiento de los planetas. Hablo de algo que sucede en uno de ellos: la Tierra, donde hay una creciente evidencia de que los Estados ya no controlan -como afirman controlar- la violencia.
Desde el siglo XVII, Thomas Hobbes planteó en el Leviatán que los individuos cedían su fuerza al soberano para evitar la guerra de todos contra todos. Siglos después, Max Weber precisó la definición: un Estado moderno es aquella comunidad humana que reclama con éxito el monopolio legítimo de la violencia en un territorio determinado. La clave no es solo la fuerza, sino la legitimidad y el éxito.
Hoy, en múltiples regiones de nuestro planeta, ese monopolio es disputado abiertamente por milicias, mafias transnacionales, empresas militares privadas, pandillas urbanas, redes terroristas y organizaciones criminales con capacidad de fuego equivalente o superior a la de muchas fuerzas estatales. El problema ya no es marginal: es estructural. Entonces, el fenómeno no es nuevo, pero sí su escala. Ahí está el caso del Wagner Group, operando como brazo armado híbrido con agenda propia. O la persistencia histórica de la Camorra en Italia. O la violencia transnacional de Al-Qaeda. Cada uno, en contextos distintos, ha demostrado que el Estado no siempre impone; a veces negocia, tolera o compite.
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