El problema es Ramírez Bedolla
Opinión de
El plan para la paz y la justicia que anunció la presidenta Claudia Sheinbaum el domingo para Michoacán, no va a ir a ningún lado. Lo anunció rodeada por la mayor parte de su gabinete legal y ampliado en Palacio Nacional, para proyectar determinación y músculo para “no dejar solos a los michoacanos”, pero en realidad se burló de ellos y de los mexicanos, indignados por el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. La cuchufleta presidencial se escondió detrás de las imágenes de lo que en otro momento se podría interpretar como un Estado sólido, que lo único que demostró es que está al frente de un gobierno débil donde no puede cortar el cáncer porque políticamente está impedida.
Sheinbaum sabe que el principal obstáculo es el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, habiendo recibido hace no mucho los pormenores de su involucramiento con los grupos criminales en Michoacán, contenidos en un informe de inteligencia donde se advierten todos sus vínculos. Otro gobernador en situación idéntica, Rubén Rocha Moya, de Sinaloa, tampoco ha sido tocado por ella. Sus razones, adoctrinada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, es que si salieran del gobierno las críticas serían para ella y afectaría el movimiento cuatroteísta.
Como López Obrador, es más importante blindar al régimen que luchar por la paz. Rocha Moya, imputado como cómplice del Cártel de Sinaloa por su exlíder, Ismael El Mayo Zambada, que reconoció en Palacio Nacional que aún después de que fuera capturado en Estados Unidos mantuvo comunicación con sus fieles y con los chapitos -embarcados en una guerra fraticida desde hace 14 meses- hasta hace unos meses, está libre y sin presiones de la presidenta. Ramírez Bedolla, igual. En ambos casos, de acuerdo con el informe de inteligencia producido por las áreas que le reportan al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, no son parte del problema, como se discute públicamente, sino el problema.
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