Opinión de Santiago Nieto
Una de las mayores preocupaciones de las mexicanas y los mexicanos con más fuerza, es la inseguridad pública (a la par de un sistema de justicia debilitado que ha desencadenado en buena parte la iniciativa de reforma judicial que hoy se discute), cuya problemática es producto de largas décadas de desdén, estrategias fallidas y la anuencia de autoridades y élites corruptas que comenzó a corregirse en la actual administración y propiciado un estancamiento de la delincuencia (en particular, la de cuello blanco). Sin embargo, sigue siendo uno de los enormes retos del Estado Mexicano, y la próxima presidenta de nuestro país lo tiene claro.
La estrategia de seguridad de la Ciudad de México que llevó a cabo la Dra. Claudia Sheinbaum durante su mandato contempló medidas más efectivas que el uso frontal contra la criminalidad capitalina. El uso de inteligencia, el incremento de la investigación policial y ministerial, de la coordinación interinstitucional, y un combate real a la corrupción (cartel inmobiliario), que redujeron no solo la incidencia delictiva, sino que de forma contundente derivó en el desmantelamiento de bandas criminales que operaban en la ciudad, como fueron los casos de Operación Zócalo o de la banda de los Nigerianos, producto del trabajo conjunto entre la Secretaría de Seguridad Ciudadana y el gobierno federal a través de la Unidad de Inteligencia Financiera.
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