Elección Judicial: no votar, anular o votar
Opinión de
¿Ir a votar o no? Es una de las preguntas que más me han hecho conforme se acerca el día de la elección judicial. Este llamado “proceso electoral extraordinario” será diferente a cualquier comicio que haya vivido México. El espectáculo que ha representado la aprobación de la reforma y el proselitismo de la interminable lista de candidatos es diferente y también sus consecuencias, aunque anticipadas, están siendo inéditas. Ciertamente, no me propongo aquí responder a la pregunta que me han hecho mis lectores y personas de mi círculo cercano, pues creo que la respuesta es una decisión que debe obedecer a la conciencia de cada persona, conducida, en el mejor de los casos, por su sentido cívico. A mi parecer, las y los mexicanos tenemos tres alternativas frente al proceso. Aquí me propongo analizar cada una de ellas con sus implicaciones y compartir la conclusión a la que he llegado.
La primera, y quizá la más obvia, es ir a votar. A diferencia de otros procesos electorales, poco se ha promovido en este el “voto responsable” o “voto informado”. No es ningún secreto que, al momento de tomar decisiones, la información hace la diferencia. Incluso podemos asociar la no-posesión o desinformación con un riesgo mayor al momento de decidir lo que sea. En una elección esto no es distinto. La historia nos enseña que la información detrás de cada voto acerca o aleja el proceso, y el resultado, del óptimo social, ese punto que representa la mejor alternativa para el país. Esto es completamente diferente a lo que a menudo repite la cacofonía popular de votar por las y los menos malos. Así, el resultado de esta elección se acercará al óptimo social en la medida en que cada votante conozca a las más de 3,000 personas candidatas a alguno de los más de 800 cargos
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