En busca de la gobernabilidad perdida
Eso de alguna forma concluyó desde el fin del gobierno de Ernesto Zedillo, la última administración que mantuvo la interlocución política y a las áreas de seguridad dentro de Gobernación. Con Vicente Fox, la seguridad quedó fuera de Gobernación con el consiguiente y eterno enfrentamiento entre Santiago Creel y Alejandro Gertz Manero. Con Felipe Calderón, Genaro García Luna tuvo, desde la seguridad y luego de la muerte de Juan Camilo Mouriño, mayor peso que los siguientes secretarios de seguridad, incluso en la relación con los gobernadores; con Peña Nieto la seguridad regresó, a medias, a Gobernación, pero ya el peso militar en la misma era mucho mayor y la relación de la Defensa con Miguel Osorio era muy mala.
Con López Obrador el peso de Gobernación sencillamente desapareció: como se cuenta en el libro Ni Venganza ni Perdón (Planeta, 2026), con Olga Sánchez Cordero en Bucareli, el ex mandatario quiso, primero, llenar una cuota de género, luego hacerlo con una mujer que tenía pasado en la Suprema Corte, y tercero no quería darle ninguna atribución especial a su cargo. Como decía López Obrador, daba encargos y no cargos, y la exministra tenía el cargo, pero no el encargo, que llevó en los tres primeros años de gobierno Julio Scherer desde la consejería jurídica, al grado de que el presidente le dijo a Olga que ella era, en realidad, “la secretaria de Ayotizinapa” y que su responsabilidad única era resolver ese caso, lo que por cierto nunca se logró.
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