La 4T cambia de piel
La Cuarta Transformación está cambiando de piel: deja atrás su apariencia híbrida –esa que le asignaron diversos analistas que coincidían en que no era plenamente democrática ni tampoco autoritaria por completo– para ser, ya sin tapujos, la autocracia que soñó ser.
Esta mudanza epidérmica ha sido bastante rápida en el primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum. Los cambios de gran calado que según ella y su partido reclama “el pueblo” se han venido acelerando; el “segundo piso” de su proyecto transformador, asentado en una mayoría en el Congreso constituida de manera golpista e ilegal, ha venido aprobando al vapor un conjunto de reformas igualmente ilegítimas que están cambiando el paisaje social, político y económico del país.
Morena sigue, pues, “haciendo historia”. Sin embargo, los problemas más importantes del país no se han resuelto, más bien se han acumulado y profundizado; las tensiones y violencia a cargo del crimen organizado son, como nunca, parte de la realidad cotidiana; la crisis económica, en el mejor de los casos, se sigue postergando gracias al endeudamiento y los penosos ahorros de un Estado que, para cualquier efecto, está en la penuria.
Del frente externo, ni hablar: la debilidad con “cabeza fría” era hasta ahora su carta más fuerte, pero las circunstancias se tornan cada vez más complejas. Ahora sí exigen pruebas a la oficina del Tesoro de EU, pero antes los hacía felices que, sin ellas, García Luna fuera condenado. En su “frialdad”, por otra parte, desconsideran un pequeño detalle: el país al que le piden “pruebas” acaba de bombardear a otro que está a miles de kilómetros sin mostrar prueba alguna de que fuera a concretar la construcción de una bomba atómica.
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