Señorío Tlaxcalteca… Armando Contreras no garantiza la imparcialidad
La embestida ya es inocultable
“Con argumentos de comercialización” y “por conveniencia de la empresa”, al periodista Salvador García Soto se le informó que el pasado 20 de junio sería el último día de transmisión de su programa, “A la una”, en El Heraldo Radio.
García Soto agradeció el espacio, se refirió al trato siempre respetuoso que recibió de los dueños de la empresa, pero dejó claras las cosas: “Nos volvió a alcanzar la censura”.
Desde hace muchos años, tanto en el radio como en sus columnas periodísticas, García Soto es un periodista que suele incomodar al poder. Ha pagado las consecuencias, como muchos otros, y ha llegado a ser acosado por los instrumentos fiscales que la 4T ha empleado sin empacho para silenciar e intimidar.
Los pasos de personajes cercanos a la Presidencia, que llevan la relación y los convenios publicitarios de varios gobernadores de Morena con medios nacionales, comienzan a escucharse cada vez más fuerte en los medios, para exigir, ya sin disimulo, el retiro de espacios y el cierre de micrófonos.
En los primeros meses del gobierno de Claudia Sheinbaum, y ante el silencio significativo de la presidenta, la palabra “censura” expresa no solo hechos aislados protagonizados por virreyes, autócratas y pequeños monarcas de la 4T, sino un patrón que ahora se repite semana a semana, y a veces día tras día.
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