La lista de la infame narcopolítica
Opinión de
En el derecho penal contemporáneo existe una diferencia elemental que algunos se empeñan en borrar: no es lo mismo una acusación mediática que una sentencia judicial firme. Confundirlas no es ingenuidad, es cálculo político. Hasta hoy, el único político mexicano condenado por narcotráfico en una corte extranjera es Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública y funcionario de absoluta cercanía con el entonces presidente Felipe Calderón. Un jurado federal en Estados Unidos lo sentenció a 38 años de prisión por asociarse con un cártel de las drogas y facilitar un negocio criminal que envenenó a miles de jóvenes norteamericanos. No hay, en términos jurídicos, otro caso con una resolución equiparable.
Todo lo demás habita el terreno de la insinuación, la filtración interesada y la propaganda. Sin embargo, reducir el fenómeno del narcotráfico en México a un solo nombre sería una forma de amnesia conveniente. La historia de esta industria criminal se remonta a por lo menos setenta años, tiempo en el que la colusión entre organizaciones delictivas y autoridades locales y federales fue una constante. Esa convivencia -tolerada, administrada y, en ocasiones, estimulada- sentó las bases de la estructura criminal que hoy persiste en el territorio nacional.
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