Llegaron al poder y ahora quieren romper el elevador
En México no estamos discutiendo una reforma electoral. Eso, al menos, implicaría un ejercicio democrático. Lo que vemos hoy es otra cosa: una decisión tomada desde el poder, cocinada en secreto, sin diálogo real y sin escuchar a nadie más que a ellos mismos, con el propósito de eliminar o minimizar a las fuerzas políticas que representan la otra visión en la pluralidad y diversidad de nuestro país. El gobierno de Morena habla con el espejo.
Durante décadas, cada reforma electoral -con aciertos y errores- se construyó con todas las fuerzas políticas sentadas a la mesa, incluyendo a los que hoy ostentan el poder. Se discutía, se negociaba y se buscaban equilibrios. Hoy no. Hoy ni siquiera sabemos qué problema quieren resolver. No hay diagnóstico, no hay explicación, no hay apertura. Solo hay imposición.
Uno de los ejes del discurso oficial es el ataque a la representación proporcional, es decir, a los plurinominales. Dicen que cuestan mucho, que no representan a nadie, que deben eliminarse para “ahorrar dinero”. Ese mensaje suena bien y conecta con el legítimo enojo de la gente. Lo que no dicen es que gracias a ese mismo sistema lograron una mayoría que no obtuvieron en las urnas. Llegaron al poder usando el elevador y ahora quieren romperlo para que nadie más pueda subir.
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