Ni cómo ayudar a Fernández Noroña
Opinión de
Mientras campea la incertidumbre por la incesante violencia, el destartalamiento del Poder Judicial, el desabasto de medicinas, la nueva Ley que desampara a los demandantes de protección de la justicia federal y ampara al gobierno, el crecimiento económico Cero y lo casi nada “republicano” que queda del Estado de derecho, algunos de los más reconocibles cuadros de Morena (incluido Andrés, Andy López Beltrán) están como de luna de miel, chapaleando en la trivialidad.
Quien sobresale más estos días es Gerardo Fernández Noroña:
Primero (marzo pasado) se le vio en business class viajando a París para luego, en Estrasburgo, echarse un soliloquio en una Conferencia Europea de Presidentes de Parlamentos ante un auditorio casi vacío.
En mayo, obligó a un humillado particular a disculparse con él en el salón de plenos del Senado por algunos insultos en un aeropuerto. En agosto se supo que cambió su domicilio clasemediero por una finca inexplicable en Tepoztlán, y hoy está ya en el Oriente Próximo para “solidarizarse” con la causa palestina (de menso iría a Sinaloa, Guanajuato, Michoacán, Zacatecas o Tamaulipas para apoyar a las familias de asesinados o desaparecidos).
Jugando al turismo “revolucionario” y como lo ha hecho para abrazar en Caracas al dictador Nicolás Maduro, confía en llegar a la franja de Gaza o a Cisjordania sin considerar que ha sido zona de guerra y que las entradas y salidas las decide el gobierno israelí.
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