No pagar extorsiones, una sentencia de muerte
No pagar extorsiones, una sentencia de muerte. Ilustración de Ani Cortés Negarse a pagar una extorsión es una sentencia de muerte, lamentan productores citrícolas de Veracruz y Puebla, así como comerciantes de Zacatecas y de Jalisco, para quienes la normalidad es pagar cuotas “como si fueran impuestos o costos de producción”, ante el temor a las amenazas.
EL UNIVERSAL recoge cinco historias de cuatro diferentes estados del país, en donde las víctimas también tuvieron que cambiar sus vidas: cederle terreno al crimen poco a poco, mudarse de casa y abandonar su negocio ante la imposibilidad de seguir pagando la cuota o simplemente enviar a otra entidad a sus familiares para prevenir algún ataque.
“Ya me acostumbré [a pagar] porque no quiero que me maten. Es un costo que se le agrega como si fuera por fertilizante o por producción, ya que no tenemos otra salida. Ya denuncié, pero lo que me aconsejan es pagar la cuota o cederle el terreno a la maña (…) porque ya me mataron un hijo”, comenta en entrevista con EL UNIVERSAL José Alfredo, naranjero de Álamo, Veracruz, cuyo nombre fue modificado por seguridad.
Además de sembrar naranja, José Alfredo cultiva caña y café que vende en menor escala en mercados de la región para sostener a su familia. Su hijo, Guillermo, cuyo nombre también fue cambiado para preservar su anonimato, tenía un pequeño negocio de hortalizas que cerró hace un mes cuando el joven fue asesinado.
La información completa, aquí: