Opinión de Raymundo Riva Palacio
La virulencia retórica de Alejandro Moreno contra toda una generación de liderazgos del PRI es bastante inusual, aún para sus estándares y conocidos comportamientos de pendenciero. Disparar los obuses contra quienes cuestionaron sus intentos reeleccionistas es difícil de entenderse solo en el contexto de que quiere apoderarse del PRI y quedarse con las prerrogativas del partido. Parece muy simple y reduccionista.
Moreno no necesita apoderarse del PRI. Desde hace tiempo lo tiene con el control del Consejo Ejecutivo Nacional, y tampoco necesita los recursos de las prerrogativas, pues desde hace muchos años hizo de la política un medio para enriquecerse. Lo que necesitaba, impunidad, la garantizó al colocarse en el número uno de las listas para el Senado, aunque su desenfrenada cruzada contra connotados de priistas sugiere que hay razones de otro tipo por debajo de sus motivaciones, porque el fuero no parece suficiente.
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