De la voz popular: “No hay mentira que dure cien años, ni pueblo que la aguante”.
Y a pocos días de que termine, de manera formal, la fallida gestión presidencial de López Obrador, los integrantes de la pandilla criminal de la llamada 4-T, se despojaron de las máscaras.
Y ya sin la careta detrás de la que se ocultaron por casi una década, quedó exhibido, y a la vista de todos, que nadie en el “narco-partido” Morena y tampoco en sus “narco-gobiernos” fue realmente demócratas, sino que todos aspiraron a instaurar en México la versión bananera del fascismo.
Sí, un fascismo que hoy, a siete días del fin de la gestión formal de Obrador, se coronará con una ilegal y grosera militarización de la vida nacional y con la muerte inconstitucional del Poder Judicial, el último contrapeso que le daba vida a la democracia mexicana.
Pero lo grotesco del caso es que, “gracias a las benditas redes”, México y el mundo comprobaron el tamaño de la farsa, la mentira, el engaño, la hipocresía y el cinismo de todos en Morena.
Y es que, empezando por López Obrador y hasta el último de sus lacayos, todos fueron exhibidos –en redes sociales–, por sus mentiras e incongruencias como aquellas campañas de “no a la militarización”, “abrazos y no balazos”, “no mas sangre”, “no más masacres”, “ni un periodista más sin vida”, “primero los pobres”, “en un gobierno de Morena la gasolina costaría diez pesos”; “No mentir, no robar y no traicionar”, “no al amiguismo, al nepotismo y al compadrazgo” y decenas de mentiras más que, a siete días del final del sexenio, son verdaderas joyas del fracaso y la farsa sexenal.
La columna completa, aquí:
¡Se retiran las máscaras; siempre fueron fascistas! (msn.com)