Superricos y el voto
Opinión de
LA CONCENTRACIÓN DE la riqueza se está convirtiendo en un problema político de primer orden. No es solo que haya más ricos y más pobres, es que el dinero acumulado en la cúspide del sistema ha empezado a sustituir al voto como principal fuente de poder. Esa es la advertencia central del nuevo informe de Oxfam, Contra el imperio de los más ricos, publicado en el marco del Foro Económico Mundial de Davos 2026, y sus conclusiones describen con precisión quirúrgica la fragilidad de las democracias contemporáneas, incluida la mexicana.
El caso de México es ilustrativo, ya que Carlos Slim Helú, el hombre más rico de América Latina, acumuló en los últimos cinco años una fortuna que, según Oxfam, le permitió ganar en un solo segundo lo que a una persona promedio en el país le toma una semana completa de trabajo.
No se trata de señalar a un individuo, sino de entender la magnitud de una brecha que se ha normalizado. Mientras millones de mexicanos viven al día, una sola persona puede acumular tiempo de trabajo humano como si fuera un activo financiero.
Pero el verdadero riesgo no está únicamente en la desigualdad económica, sino en lo que Oxfam denomina la conversión de riqueza en poder estructural. La desigualdad ya no es solo un problema social; es un mecanismo de captura institucional.
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