Señorío Tlaxcalteca… Armando Contreras no garantiza la imparcialidad
Un viejo pleito de familia
Opinión de
En estos días se abrió un debate político que ha adquirido importancia, el origen es la publicación de un artículo del expresidente Ernesto Zedillo, “México: de la democracia a la tiranía” (Letras Libres), que revela una confrontación entre dos visiones sobre el sistema político y la democracia en México.
Lo que se dice en el discurso político tiene importancia por la posición que ocupa el emisor; el hecho de ser un expresidente, quizá el único que podría defender el régimen que él contribuyó a construir con dos reformas importantes, la electoral y la judicial, le dan a este debate un carácter singular. Del otro lado tenemos al actual régimen, que en voz de la presidenta encabeza la respuesta con un ataque hacia los puntos más debatibles del sexenio zedillista: privatización de ferrocarriles, puerta giratoria (empresa-exfuncionario), el Fobaproa, la matanza de Acteal, etcétera.
La tesis de Zedillo es que la democracia mexicana está muriendo, se encuentra en una fase final debido a las reformas que han realizado AMLO y Sheinbaum: la judicial, la desaparición de organismos autónomos, el debilitamiento del INE, la militarización de la seguridad; en consecuencia, lo que surge ahora es una tiranía. El oficialismo no discute los argumentos del expresidente, sino que lo ataca por otras decisiones de su sexenio. Estamos frente a la confrontación de dos visiones sobre el sistema político.
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