Y la justicia para los pobres ¿cuándo?
Opinión de
Comienza una nueva época judicial. Ministros, magistrados y jueces de nuevo cuño, llegan bajo la sombra de un procedimiento atravesado por controles sectarios y manipulaciones clientelares. Ante la falta de legitimidad de origen, sólo queda la posibilidad de una legitimidad en el ejercicio. En mi opinión, tratándose de la autoridad judicial, predominantemente es su ejercicio lo que la legitima. En el esquema anterior, la colaboración necesaria entre las fuerzas políticas, daba alguna esperanza de equilibrio e imparcialidad. Bajo el nuevo sistema, queda claro que los acuerdos internos en el grupo de poder condicionan a las autoridades electas. El acordeón y su correspondencia con los resultados finales tachan en el origen la legitimidad de los electos.
Los ministros se someten a rituales atribuidos a las culturas precolombinas; eso sí, salpimentadas por expresiones en la lengua castellana. Al fin y al cabo, México se forja en el mestizaje, cada quien puede calcular la mezcla como le nazca. Los auspicios de la nueva época judicial se cobijan en los símbolos del nacionalismo y eso está bien, la mayor parte de los justiciables somos mexicanos. Sin embargo, la inversión extranjera mira con cautela estos gestos. Si México quiere ser atractivo para la inversión internacional, debe ser capaz de demostrar que puede dirimir los conflictos y las controversias, de acuerdo con los principios y normas que rigen para el cumplimiento de los contratos y el respeto a los derechos incorporados en las autorizaciones administrativas.
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