Resultaba difícil de creer que el gobierno del orden federal que encabezará la Doctora Claudia Sheinbaum estuviera de acuerdo con el plan que hubiera dejado a la Secretaría de Seguridad (SSPC) sin institución policial bajo su mando. Implicaba la renuncia a que esa dependencia tuviera capacidad de acción y reacción policial en un contexto de alta violencia e incuestionable expansión de organizaciones criminales a lo largo y ancho del territorio nacional, las cuales naturalmente rebasan las capacidades policiales locales. En efecto, no era la mejor idea. De pronto y sin mayor anuncio, el panorama cambió poco más de un mes antes del fin del sexenio: el próximo secretario de seguridad, Omar García Harfuch, sí tendrá bajo su mando una institución policial –así quedó definida en el decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 20 de agosto–, denominada Coordinación Nacional Antisecuestro y Delitos de Alto Impacto.
Y es que de aprobarse a mediados de septiembre la reforma constitucional para que entre otras cosas, la Guardia Nacional forme parte de la Secretaría de la Defensa Nacional –como siempre anheló el presidente López Obrador–, la SSPC quedaba con las manos vacías en términos de policía.
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