Señorío Tlaxcalteca… Alguien debe dar una explicación
Opinión de Martín Ruiz
La normalización de la violencia ya llegó y a muy pocos parece importarle.
Los tlaxcaltecas se quejan de la inseguridad, pero por desgracia, están aprendiendo a vivir con temor y la incertidumbre que les provoca enterarse de hechos lamentables como el registrado en Apizaco donde se habría cometió un secuestro express y una mutilación de un dedo de la víctima, el cual salió a la luz pública el pasado miércoles.
La violencia dejó de tener relevancia e importancia, porque pareció normal que un comando armado haya ingresado a un rancho para robar impunemente más de 70 animales en una comunidad del municipio de Terrenate.
Los medios de comunicación de Tlaxcala dieron cuenta de la primera tragedia y del segundo hecho lamentable ocurridos en esta semana, sin embargo la administración estatal optó por el silencio, por no hablar de esos temas y hacer como que esas acciones que lleva a cabo el crimen organizado no merecen mayor atención o preocupación.
Pero también hubo un silencio cómplice de los empresarios, de dirigentes partidistas y líderes sociales y de diferentes sectores de la sociedad tlaxcalteca que, al parecer, han aceptado esta cruda realidad, que en su opinión no merece ninguna queja o exigencia.
El hecho del secuestro express no es un asunto menor o un caso que deba ser ignorado, porque de acuerdo con la información disponible se supo que la víctima, un varón de 36 años de edad y vecino de San Francisco Atexcatzinco, una localidad perteneciente al municipio de Tetla de la Solidaridad, fue levantado durante la noche en las calles céntricas de Apizaco por al menos cuatro sujetos que lo obligaron a subir a un automóvil de color blanco.
Después fue encerrado en un inmueble sin ventanas donde permaneció aislado y sin comer por tres días. Finalmente sus captores le cortaron el dedo índice de la mano derecha para después soltarlo en el municipio de Santa Cruz Tlaxcala, lugar donde recibió ayuda y atención médica.
Hasta ahora la Fiscalía General de Justicia del Estado y la Secretaría de Gobierno no han dado detalles de ese lamentable suceso. Se desconoce si se abrió una investigación por privación ilegal de la libertad y lesiones, así como tampoco se sabe si es el único caso o si se han registrado otros secuestros express de los que no se ha informado.
Negar o rechazar que en Tlaxcala opera el crimen organizado me parece una burla y un insulto a la inteligencia de los tlaxcaltecas, porque es obvio que en el secuestro de Apizaco y en el robo de ganado de Terrenate participaron más de cuatro personas que actuaron con alevosía y ventaja, además de moverse con una planeación que les permitió evadir a la policía y a la vigilancia que se realiza a través de cámaras de video.
La lucha que el gobierno de la presidenta de México Claudia Sheinbaum Pardo ha emprendido contra las organizaciones criminales del país pudiera estar afectando a Tlaxcala por el “efecto cucaracha”, de ahí que no sería raro que estén llegando a la entidad delincuentes de otros estados del país.
Hay registro de que en Tlaxcala han llegado células del Cártel Jalisco Nueva Generación, del Cártel de Sinaloa, de la Familia Michoacana y de La Barredora, incluso últimamente se ha sabido de la presencia de integrantes de La Unión Tepito.
La administración de Lorena Cuéllar Cisneros debe poner una atención especial a los últimos hechos registrados y dar información precisa de lo que está pasando y de lo que están haciendo, porque sería muy grave que optara por ocultar datos sobre la presencia de una banda dedicada al secuestro, ya que mientras las víctimas sean ciudadanos comunes no pasará nada, pero si se llega a involucrar a un miembro “distinguido” de la sociedad, a un empresario o un político de “importancia”, el asunto se volverá un escándalo que terminará por dañar la imagen del gobierno.
Lo que está pasando en Tlaxcala no debe ser ignorado, porque son señales de que algo no está funcionando bien.
O usted qué piensa