Por Martín Ruiz
El gobierno podrá seguir con que somos el estado más seguro y que la presencia del crimen organizado es un invento de los medios de comunicación, pero la realidad, hechos, ejecuciones y asaltos de comandos armados confirman que Tlaxcala vive la peor ola delictiva de su historia.
Y si bien hoy se percibe que el gobierno lorenista ha fracasado en resolver el problema de la seguridad, en este momento y con una enorme decepción se confirma que los ayuntamientos tampoco pueden con esa grave situación, porque los delincuentes y criminales están desatados y no existe nadie con la capacidad, la estrategia y ya ni si diga la mínima voluntad de contener, inhibir o detener a los maleantes que se han apoderado del estado más seguro del país.
Lo sucedió la semana pasada y la violencia criminal que se ensañó el sábado con la presencia de un cuerpo con signos de violencia en San Pablo del Monte, el intento de asesinato a balazos de un joven en el municipio de Calpulalpan y la ejecución estilo del narco de un presunto capo dedicado a la distribución de drogas en la capital del crimen, o sean, la ciudad de Apizaco y de otro más que controlaba el huachicol en el municipio de Ixtacuixtla , demuestran que la presencia de los maleantes es estatal y que ya dejó de ser exclusiva de unas cuantas poblaciones tlaxcaltecas.
Lo malo y curioso es que todo se agravó con la llegada del marino Alberto Perea Marrufo a la secretaría de Seguridad Ciudadana, tal y como está sucediendo en Apizaco con la designación de otro marino como director de Seguridad Pública, el capitán José Ramón Jacques Mena.
Sencillamente los criminales se alborotaron y se multiplicaron, lo cual es notorio porque los indicadores de ciertos delitos se incrementaron y porque se empezaron a perpetrar hechos que antes no se cometían como las ejecuciones, los asaltos violentos llevados a cabos por comandos armados que lo mismo se meten a casas que a restaurantes o que se dedican a robar automóviles y camiones de carga.
La simulación de las fuerzas del orden para detener y combatir a los criminales es más que evidente y sencillamente ya no se puede ocultar el sol con un dedo.
La columna completa, aquí:
La notoria presencia del crimen organizado – Señorio Tlaxcalteca