Por Edgar García Gallegos
Pese a los esfuerzos de las autoridades para proyectar una imagen de Tlaxcala como uno de los estados más seguros del país, la realidad golpea fuerte: la violencia está en aumento, y los ciudadanos se sienten cada vez más desprotegidos. Los recientes episodios de asesinatos, balaceras y robos violentos ponen en entredicho las afirmaciones de seguridad. La pregunta no solo es válida, sino urgente: ¿qué está pasando con las autoridades de los niveles estatal, federal y municipal? ¿Quién no está haciendo su trabajo?
Este fin de semana, Tlaxcala vivió nuevamente episodios alarmantes de violencia. Un padre y su hijo fueron baleados en Ixtacuixtla, presuntamente en un incidente de ‘cobro de piso’, resultando en la trágica muerte del progenitor. Mientras, en Apizaco, un hombre fue asesinado en pleno centro comercial y, en el restaurante «El Pescador» en Tepehitec, un comando armado sembró el terror entre los comensales, golpeando a trabajadores y robando a los presentes. Estos no son casos aislados ni accidentes de un sistema de seguridad bien estructurado; son evidencias de un deterioro que las autoridades no pueden seguir ignorando.
En el contexto actual, los ciudadanos tienen motivos para cuestionar la efectividad de sus cuerpos policiacos y exigir respuestas claras. Es alarmante que, en un estado que se presenta como «seguro», comandos armados operen con impunidad y criminales logren huir sin complicaciones. ¿Dónde están las patrullas y las miles de cámaras de seguridad cuando suceden estos actos? ¿Por qué las fuerzas de seguridad parecen no estar sincronizadas, actuando solo de manera reactiva en lugar de prevenir la violencia?
La situación de Tlaxcala es, en gran medida, el reflejo de un sistema de seguridad fragmentado. Los operativos policiales son insuficientes y se han convertido en simples apariciones mediáticas. Es tiempo de que el gobierno estatal, los municipios y las autoridades federales asuman la responsabilidad de proteger realmente a los ciudadanos. Los habitantes de Tlaxcala no piden privilegios, solo un estado que garantice su seguridad. ¿Es eso mucho pedir?
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LA CAMINERA… Del videowall más grande del país a la realidad.
La violencia en Tlaxcala expone la distancia entre el discurso oficial y la realidad. Mientras las autoridades presumen el «videowall más grande del país» como símbolo de modernización y eficiencia en la seguridad, los ciudadanos siguen viviendo episodios ,muy violentos.
La columna completa, aquí:
El Bestiario…La violencia da bofetadas a la narrativa de seguridad en Tlaxcala – La Bestia Política