Lo que quiere son narcopolíticos
Autobiografía es el equipaje de un largo y excitante viaje. Florestán.
Las cifras de los golpes al crimen organizado en los cuatro meses y 26 días de gobierno de Claudia Sheinbaum son nunca vistas, mucho menos con López Obrador: más trece mil objetivos prioritarios detenidos, un centenar de laboratorios destruidos, millones de dosis de fentanilo incautadas, capos nunca tocados, capturados y extraditados, miles de armas y centenares de miles de municiones aseguradas. Coordinación como nunca con el gobierno de Estados Unidos en las labores de investigación. Autorización, en el plano de colaboración, del vuelo de drones y aprovechamiento de su información, cooperación y resultados de los que no hay registro.
Todo eso ha sido reconocido por instancias del gobierno de Estados Unidos, pero les falta Trump porque si bien registra, no le es suficiente para el discurso oficial que se ha centrado en el narcogobierno sin llegar, claro, a los niveles de la presidenta, cuya distancia con ese submundo está más que acreditada.
Cuando Trump ha hablado de que el gobierno de México está dirigido por narcotraficantes se refiere a gobernadores y alcaldes, así, como en un futuro cercano, a juzgadores.
El caso para él más emblemático es el del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha, al que nada ayudó, al contrario, la foto que subió Andrés Manuel López Beltrán entregándole la nueva credencial de Morena, cuando lo reafilió, como si eso fuera necesario y que en Washington leyeron como un mensaje de respaldo del movimiento y su fundador, al gobernante.
Por eso, dos días después, Trump volvió al tema del narcogobierno.
La columna completa, aquí: