#ElBestiario…Tlaxcala: Cuatro voceros, el fracaso comunicativo de una solo voz que impone
Opinión de Edgar García Gallegos
La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros hizo oficial este viernes la llegada de su cuarto vocero: Antonio Martínez Velázquez. Con ello, no solo arranca otra etapa en la oficina de comunicación de la administración de la 4T, también inicia la cuenta regresiva sobre cómo quiere cerrar su administración: como un lastre para quien aspire a sucederla… o como una marca que aún pueda ayudar.
Por más discursos y buenas intenciones que repita, Cuéllar Cisneros ha fracasado rotundamente en materia de comunicación. Está por cumplir cuatro años en el poder, y su gobierno no ha logrado construir una narrativa sólida, coherente ni creíble. La famosa “nueva historia” quedó en slogan de campaña. ¿Una nueva historia en camionetas blindadas?, ¿en inseguridad creciente?, ¿en gabinetes foráneos que no dan resultados?, ¿En qué es la nueva historia?, para algunos es la triste historia.
Todo apunta a que el problema no son los voceros. Es ella.
Su necesidad de control ha ahogado cualquier posibilidad de estrategia moderna o funcional. Quiere decidir todo: el guion, la foto, el titular. Y no importa quién llegue a la oficina de comunicación: todos terminan quemados, desmoralizados o reciclados en alguna dirección secundaria. Ninguno ha logrado, ni podrá, construir lo que la propia mandataria no permite: una comunicación abierta.
Lo que simula cordialidad es, en realidad, autoritarismo maquillado. Comunicado sí, pero solo si conviene. Rueda de prensa, pero sin preguntas incómodas. Desayuno con periodistas, pero con aplauso obligado. Y ahora, hasta regaños en público a quien se atreva a hacerle una pregunta que incomode.
¿De verdad no se da cuenta de que los reporteros que cubren su fuente siempre están tensos? Nunca saben si la mandataria va a hablar, a responder o a levantarse sin decir una palabra. No hay reglas, no hay protocolos, no hay respeto al trabajo periodístico.
Y aunque mantiene trato cordial con algunos medios, eso no implica libertad de prensa. Su gobierno ha intentado silenciar líneas editoriales, y castigar con bloqueos quienes publican críticas o permiten voces incómodas. «La jefa está enojada porque le diste foro a fulano o zutano», advertían desde la oficina de comunicación.
Hasta para eso han sido torpes.
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