La corrupción que ni se transforma ni se castiga
Opinión de
Una de las principales promesas que llevó al poder a Andrés Manuel López Obrador fue combatir la corrupción. Esa bandera fue también uno de los factores que impulsó al nuevo gobierno de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, a unos meses de haber iniciado su sexenio, no hay señales de que esa promesa se esté cumpliendo. La corrupción continúa, y la impunidad persiste, especialmente cuando los involucrados forman parte del partido oficial.
Durante el sexenio de López Obrador, se castigó —y con razón— a corruptos de administraciones anteriores. Pero se dejó intactos a los de su propio gobierno. En sus tres primeros años, no se tocaron las estructuras que permiten la corrupción. El pretexto de “soberanía nacional” se convirtió en escudo para aumentar la opacidad y reducir la transparencia en las compras públicas. En 2020, más del 90 % de los contratos en el sector salud fueron por adjudicación directa, la forma más propicia para desviar recursos públicos sin rendición de cuentas.
Organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) documentaron desvíos millonarios, como el caso de SEGALMEX, en el que se trianguló dinero a empresas fantasma por más de 800 millones de pesos. Ningún funcionario relevante ha sido investigado ni sancionado. El caso quedó, como tantos otros, en el olvido institucional.
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