Lo que no se ve, pero sostiene la economía
México ha logrado atraer anuncios importantes de inversión automotriz, electrónica y de semiconductores. Pero al mismo tiempo enfrenta apagones en estados industriales como Nuevo León y Tamaulipas, escasez de agua en Monterrey y Querétaro, rezagos de conectividad en más de 40% de los municipios, y saturación crónica en puertos como Manzanillo o Lázaro Cárdenas. El contraste es evidente: sin la infraestructura silenciosa que da soporte al crecimiento, la oportunidad del nearshoring puede convertirse en un espejismo.
La evidencia internacional es clara. Irlanda se convirtió en un imán para las tecnológicas no solo por sus impuestos competitivos, sino porque garantizó energía limpia y confiable, conectividad de primer nivel y un puerto logístico altamente eficiente en Dublín. Singapur, sin grandes territorios ni recursos naturales, se transformó en un hub global porque invirtió durante décadas en puertos de clase mundial, aeropuertos interconectados y cobertura digital universal. No fue suerte: fue estrategia de infraestructura.
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