COSA PÚBLICA… La doble moral de la austeridad: Tlaxcala y sus blindadas. Moralmente deben ser devueltas y regresar el dinero al estado
Opinión de Albino Rubio Moreno
Mientras el Consejo Nacional de Morena emite lineamientos éticos que exigen a sus militantes austeridad republicana, honestidad y vocación de servicio, en Tlaxcala la realidad parece burlarse de esos principios. La gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros encabeza un gobierno que ha sido reiteradamente señalado por su afición al derroche, destacando entre los excesos la adquisición millonaria de camionetas blindadas de lujo, cuyo uso permanece en la opacidad. En lugar de destinar los recursos públicos a medicinas, seguridad o educación —necesidades palpables en comunidades vulnerables—, se ha preferido blindar el confort de la élite en el poder.
El contraste es grotesco. En el papel, Morena se jacta de combatir el influyentismo, el patrimonialismo y el uso faccioso de recursos; sin embargo, en la práctica, funcionarios replican el mismo viejo esquema que el movimiento prometió erradicar. En el discurso nacional se condenan los lujos, pero en el terreno local se justifican con pretextos de seguridad o eficiencia operativa.
Este tipo de incongruencias ha provocado fricciones dentro del propio partido. La dirigencia nacional de Morena ha comenzado a alzar la voz, señalando a sus propios funcionarios opulentos por traicionar los principios de la Cuarta Transformación. El mensaje es claro: quien viva con privilegios mientras el pueblo carece, traiciona el movimiento. Y si bien la crítica se ha dirigido hacia varios actores, el caso de Tlaxcala emerge como ejemplo emblemático del divorcio entre el discurso moralista y la acción gubernamental.
A fin de cuentas, Tlaxcala es hoy un microcosmos de los errores que amenazan con descarrilar el proyecto obradorista. Tal como en Palacio Nacional se priorizan megaobras como refinerías, trenes turísticos o farmacias inoperantes, en la administración estatal se privilegia la imagen, el lujo y la protección de los funcionarios sobre las verdaderas urgencias del pueblo. Morena debe decidir si los principios que predica serán una guía real o un simple recurso propagandístico. Porque los excesos no se maquillan con blindajes ni se justifican con arengas.
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