COSA PÚBLICA… La ignorancia es atrevida
Opinión de Albino Rubio Moreno
En política, pocas cosas son tan importantes como la comunicación. Es el puente entre el gobierno y la ciudadanía, la herramienta para construir confianza y, sobre todo, la trinchera desde donde se defiende —o se pierde— la credibilidad de una administración. Por eso, resulta inexplicable que el coordinador de comunicación del gobierno de Tlaxcala, **Octavio Ortega**, haya cometido un error tan grave: **colocar en puestos clave a personajes que, en el pasado, orquestaron campañas de desprestigio contra la hoy gobernadora Lorena Cuéllar**.
No se trata de satanizar a quienes trabajaron en administraciones anteriores. En un sistema democrático, el servicio público no debe ser monopolio de un solo grupo, y la alternancia exige, en muchos casos, incorporar experiencia previa. **Pero hay líneas que no deben cruzarse: no se puede premiar a quienes dedicaron tiempo y recursos a destruir, desde el aparato gubernamental, la imagen de quien hoy gobierna.**
Estos exfuncionarios no eran simples empleados de la comunicación; fueron actores centrales en la maquinaria de difamación que buscó, desde el gobierno anterior, **minar la candidatura de Cuéllar con fake news, ataques personales y manipulación mediática**. Ahora, paradójicamente, están encargados de “construir” la narrativa de la administración que antes buscaron hundir. *¿Es esto ingenuidad, torpeza o una peligrosa concesión política?*
Octavio Ortega, asesorado —según dicen— por la ignorancia, ha cometido un yerro estratégico. **La comunicación no es solo técnica; es también ética y política.** Al darles espacio a quienes actuaron con mala fe, no solo se envía un mensaje de impunidad (“el que difama, después es recompensado”), sino que se siembra desconfianza entre los aliados más leales de la gobernadora, aquellos que sufrieron en carne propia aquellos ataques.
Peor aún: **se debilita la coherencia del gobierno.** ¿Cómo explicar que quienes ayer calumniaban hoy sean “voceros de la verdad”? ¿Qué credibilidad tendrán sus mensajes? La comunicación oficial no puede estar en manos de quienes demostraron, en el pasado, que su brújula no es el servicio público, sino el interés faccioso.
La gobernadora Cuéllar llegó al poder con la promesa de un **gobierno diferente, transparente y cercano**. Si su equipo de comunicación contradice ese principio al reciclar personajes del viejo régimen de la difamación, **no solo se traiciona esa promesa, sino que se pone en riesgo el proyecto mismo**.
Es tiempo de rectificar. La comunicación de un gobierno debe estar en manos de **quienes creen en él, no de quienes intentaron destruirlo**. Octavio Ortega debería reconsiderar estos nombramientos antes de que el costo político sea irreversible. Porque en política, como en la vida, **quien siembra vientos, cosecha tempestades**.
Tlaxcala merece algo mejor.
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