Señorío Tlaxcalteca… ¿Quién será la candidata o candidato de Morena
Desde las Tripas del Poder… El relevo que no llega
Opinión de Maye Cabrera
Todo estaba listo —o al menos eso juraban los corifeos de Ángélica Domínguez— para que abril marcara su triunfal regreso a la Coordinación General de Comunicación del gobierno de Lorena Cuéllar. “Ya viene”, decían con tono de misa. Pero llegó abril… y nada pasó.
Nadie sabe exactamente qué ocurrió, pero el silencio es más ruidoso que nunca en los pasillos del poder. Hay quien asegura que la gobernadora ya no confía ni en la actual titular del CORACYT ni en la figura fantasmagórica de su vocero, Octavio Navajas. Lo cierto es que, en medio de linchamientos, crisis mediáticas y hartazgo social, el aparato de comunicación simplemente no da una.
Navajas, dicen, ya tenía listas las maletas. Pero esta semana, mientras la opinión pública ardía —literalmente—, respiró con cierta tranquilidad. Si lo corren, al menos no será solo. Y es que la silla le quedó grande desde el día uno: no hay narrativa, no hay control de daños, no hay ni siquiera el mínimo intento de conectar con una ciudadanía que exige respuestas, no eslóganes huecos.
¿Y Ángelica? También trae una lista de fracasos colgada al cuello. El supuesto “regreso salvador” no ocurrió, quizá porque ha logrado algo casi imposible: unir en su contra a todas las plumas que no le rinden culto. Su estilo vertical, el culto al ego y el desprecio a la crítica no ayudaron antes y menos ahora.
Lo más preocupante es que, ante la ineficiencia, el gobierno ha optado por el encierro: se esconde, se atrinchera, se victimiza. El enojo de la ciudadanía se transforma en memes, burlas y reprobación digital… y la respuesta institucional es un boletín con foto sonriente, como si nada pasara. Comunicar no es disfrazar el fracaso, es enfrentarlo.
Hoy, el área de comunicación del gobierno de Tlaxcala no solo está acéfala de liderazgo: está carente de ideas, de visión y, sobre todo, de humildad. Lo que se necesita no es una “vocera de confianza”, sino una estrategia real que entienda que la confianza no se impone: se construye. Y eso, en este sexenio, no ha ocurrido.
Lo grave no es que no llegue el relevo. Lo preocupante es que, llegue quien llegue o se quede quien se quede, el resultado ha sido el mismo: fracaso.
La gobernadora Lorena Cuéllar carga con el título incómodo de ser la mandataria más repudiada en redes sociales. No por “guerra sucia”, sino por ausencia total de estrategia, sensibilidad y autocrítica. La comunicación institucional en su sexenio se ha convertido en una serie de boletines con aplausos de utilería y entrevistas prefabricadas que no convencen a nadie.
En política, quien no comunica, no gobierna. Y en este caso, quien no cambia, se hunde. El tiempo corre, y Tlaxcala ya no está para improvisaciones ni caprichos.