El Bestiario | Tlaxcala 2027: Homero: el elegido del dedazo disfrazado
Opinión de Edgar García Gallegos
En Tlaxcala, el uso del poder no se disimula: se institucionaliza. Cuando desde el gobierno estatal se señala de encuestas internas, estructuras territoriales y activismo digital, no estamos ante una estrategia legítima de organización política, sino frente a una simulación disfrazada de planeación.
Promover posicionamientos personales desde cargos públicos es más que una jugada adelantada: es una afrenta a los principios de imparcialidad y equidad que deberían regir la función pública. Es también una contradicción flagrante frente al discurso oficial de la llamada Cuarta Transformación.
Porque mientras Claudia Sheinbaum y el Consejo Nacional de Morena insisten en que están prohibidos los actos anticipados de campaña y que se deben erradicar las viejas prácticas del sistema político, en Tlaxcala se reciclan con nuevas etiquetas. Aquí, el activismo digital tiene logo; la cargada institucional, ruta; y la simulación, calendario.
Y todo, bajo el manto protector del gobierno en funciones.
Por mucho que Homero Meneses intente vendernos la narrativa de un proceso transparente, colectivo y meritocrático, lo que vemos es lo de siempre: una cargada de gabinete con aval desde arriba, disfrazada ahora de “humanismo mexicano”. La simulación de democracia interna es ya parte del manual.
Tras la filtración de un audio en el que reconoce sus aspiraciones, Meneses no sólo no desmintió nada, sino que confirmó todo con entusiasmo. Se asume ya el elegido de la jefa —y no de cualquier jefa—, sino de quien él mismo nombra como “la lideresa política”, Lorena Cuéllar.
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