El Bestiario…El silencio sobre el blindaje en Tlaxcala
Opinión de Edgar García Gallegos
Ya hace ocho días, desde Palacio Nacional, Morena ha intentado lanzar un nuevo capítulo en su manual de buenas costumbres. Un decálogo de ética republicana que, al menos en el papel, pretende erradicar lujos, escoltas, camionetas blindadas y nepotismo de la vida pública. Es el esfuerzo desesperado por reconstruir una narrativa desgastada rumbo a 2027. Pero como suele pasar con los dogmas impuestos desde el púlpito presidencial, lo que se predica en el centro se descompone en la periferia.
En Tlaxcala, la cuna de la 4T más obediente (y al mismo tiempo más contradictoria), el discurso de la austeridad fue atropellado por una caravana de 10 camionetas blindadas con un costo superior a los 56 millones de pesos. ¿Licitud? No. ¿Licitación pública? Tampoco. ¿Transparencia? Menos. Los contratos están sellados hasta el 2030. Una compra opaca, sin contexto de violencia, en el “estado más seguro del país”. Al menos eso dicen sus boletines.
La gobernadora calla. Sus funcionarios callan. Morena parece atrapada en un silencio incómodo, de esos que se dan cuando hay mucho que esconder y nada que justificar.
¿Dónde está la Comisión de Honestidad y Justicia? ¿Dónde la voz crítica del partido? ¿Dónde están los guardianes del proyecto de nación? Ni siquiera para simular indignación. Nada. Pura sumisión ciega o complicidad muda.
El blindaje aquí no es solo físico: es también político. Una burbuja de silencio que protege a los de arriba y aplasta cualquier intento de rendición de cuentas. Tlaxcala se blinda del escrutinio mientras presume transparencia. Una ironía cruel que ni el propio Orwell habría imaginado en sus distopías.
Morena ha caído en su peor trampa: la incongruencia institucionalizada. No basta con redactar códigos de ética si no se aplican a todos por igual. El cinismo de predicar austeridad mientras se gasta en lujos es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.
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