El Bestiario…La 4T ante su prueba más difícil en Tlaxcala: atacar la percepción de inseguridad
Opinión de Edgar García Gallegos
Este fin de semana, no solo granizó en Tlaxcala. También llovieron balas, cadáveres y discursos de papel. Mientras los truenos caían del cielo, en la tierra ardía otra tormenta: la de la violencia desatada. Y no hizo falta un vocero: los hechos hablaron por sí solos.
Un militar retirado fue atacado a balazos en Tlaltelulco. En Nopalucan, ejecutaron a un hombre en un campo de futbol. Y en un hotel de Tetla, tres cuerpos sin vida encendieron las alertas. Todo en un solo fin de semana. Todo sin responsables detenidos. Todo como si fuera parte del paisaje.
Según el análisis de Escucha Digital, del 30 de junio al 6 de julio, la inseguridad se llevó la conversación. Más de 79 mil reacciones de tristeza y 9 mil de enojo lo dicen todo. Pero lo más alarmante no es el número de reacciones, sino el silencio con el que empieza a vivirse esta realidad. La violencia no solo duele: se vuelve costumbre. Y ese es el mayor triunfo del crimen.
La recuperación de siete vehículos robados y la detección de un laboratorio de sustancias ilegales, fue la nota “positiva” que intentó equilibrar la balanza. Pero no fue suficiente. Porque mientras las autoridades aplauden sus reacciones, la ciudadanía exige prevención. Quiere vivir tranquila, no ver cómo la inseguridad es administrada como si fuera un expediente.
Mientras la sangre corre, los políticos posan. Mientras los narcolaboratorios reaparecen en el mismo rancho, las autoridades celebran “acciones contundentes”. Mientras la prensa investiga, el poder regaña. Y cuando un periodista recibe un premio por su labor crítica, le piden que no publique los regaños que le hacen por hacer su trabajo.
Y ahí, entre ironía y tragedia, Tlaxcala se revela como lo que es hoy: un estado donde el crimen tiene dirección fija y el poder, memoria corta.
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