El Bestiario…La fuga que exhibió al aparato lorenista de justicia
Opinión de Edgar García Gallegos
Vaya que el gobierno de Lorena Cuéllar no sale de una, para entrar a otra. Una administración sin brújula, que navega a la deriva en medio de sus propios naufragios. La fuga del ex director de los Ceresos, Juan Antonio N. cuyo paradero es un misterio, se convirtió en la exhibida monumental del aparato lorenista de justicia.
Lo que comenzó con la denuncia pública de un interno sobre corrupción y abusos en las cárceles de Tlaxcala, hoy se transformó en un escándalo de dimensiones nacionales: un director que debería estar tras las rejas… ahora está prófugo.
Cuando el video del interno Ventura N. salió a la luz, la gobernadora se vio obligada a pedir la renuncia de Martínez Guerrero. No fue fácil. El secretario de Gobierno, Luis Antonio Ramírez Hernández, insistió en no ceder ante la opinión pública y desestimó la voz de un “delincuente”. Peor aún, el secretario de Seguridad, Alberto Perea Marrufo, convenció a su jefa de no cesarlo, sino “reubicarlo” en su propia Secretaría, con la promesa de tenerlo bajo control. Promesa que, a juzgar por los hechos, resultó una broma cruel.
Perea incluso aseguró que el ex director tenía “sombra”, es decir, que sus movimientos eran vigilados. Sin embargo, en cuestión de horas, el hombre desapareció del radar, justo antes de que la Fiscalía liberara órdenes de aprehensión contra él y tres custodios. Solo dos salieron, las otras están próximas a cumplirse.
El episodio es más que una anécdota: es la confirmación de que el sistema penitenciario estaba —y sigue— podrido hasta la médula. Extorsiones, cobro de cuotas a reos, salidas para delinquir, amenazas contra familias y acoso a mujeres visitantes forman parte de un expediente que deja en ridículo a un gobierno que presume seguridad y eficacia. La detención del líder de custodios, Elioenaid N., acusado de extorsión, apenas es una pieza menor de un engranaje mucho más amplio.
La verdadera bomba es que el jefe máximo de los Ceresos, quien debía responder por estas acusaciones, logró esfumarse ante las narices de la autoridad que juraba tenerlo controlado. El “hasta donde tope” que prometió la gobernadora suena hoy hueco. La fuga no solo desnudó la corrupción de los Ceresos, también evidenció la descoordinación y las pugnas internas de su gabinete de seguridad, pero sobre todo parece, la filtración de información que debe ser confidencial.
La columna completa, aquí: