Por Tenorio Cante
La reciente situación en torno a los medios de comunicación de Tlaxcala revela una vez más la complejidad de las relaciones entre el poder político y la prensa. Los “jugosos convenios” prometidos por un pasante, que generaron expectativas en la comunidad periodística, se han convertido en una sombra de desilusión. Esta realidad no solo afecta a los medios, sino que también plantea cuestionamientos sobre la transparencia y la ética en el manejo de las promesas gubernamentales.
La gobernadora, quien experimentó angustias por las promesas incumplidas, es un reflejo de cómo los funcionarios pueden jugar con las expectativas de los medios. Los convenios prometidos, que deberían haber sido una oportunidad para fortalecer el periodismo local, se han desvanecido, dejando a los comunicadores en una situación precaria. La frustración es palpable, y el sentimiento de haber sido engañados es comprensible. Hoy la fiscal, doña Tina es la que padece de las pendejadas de un personaje foráneo.
Los medios de comunicación, en su búsqueda por obtener recursos y apoyo, ahora tienen que conformarse con el Chivas Regal que les fue ofrecido por la Fiscalía del Estado. Este gesto, aunque puede ser visto como un intento de compensación, no es suficiente para cubrir las necesidades reales de un sector que busca dignidad y sustento.
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