A pocos días de la renovación de la dirigencia estatal del PRI en Tlaxcala, el panorama político luce tenso y fragmentado. En Morena, Marcela González ha sido “elegida” como representante de los simpatizantes, aunque su designación ha generado divisiones entre las bases.
En el PAN, la dirigencia recaerá en Ángelo Gutiérrez, quien, junto con su esposa y diputada plurinominal Miriam Martínez Sánchez, enfrenta acusaciones de haber secuestrado al partido.
Por su parte, Enrique Padilla asume un desafío significativo al frente del PRI.
Su llegada, vista como una imposición, y sus antecedentes, que minan su credibilidad, lo colocan en una posición vulnerable. A pesar de su experiencia política, deberá superar la desconfianza tanto al interior como al exterior del partido para mantener la cohesión y competitividad del tricolor en el estado.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que alguna vez fue el pilar de la política mexicana, hoy se encuentra en un estado de descomposición a nivel nacional. Las cifras de apoyo, los resultados electorales y la falta de conexión con la ciudadanía reflejan un coloso derrumbado. Sin embargo, si el PRI nacional está muerto, en Tlaxcala la situación es aún más lamentable: no solo está enterrado, sino que quienes dirigen y aspiran a dirigir lo hacen con una carga de prácticas y personalidades que lo hunden aún más.
En este contexto, la figura de Anabel Ávalos Zempoalteca como senadora, exdirigente del partido en el estado, destaca por su narcisismo desmedido. Su trayectoria está marcada más por su afán de protagonismo que por un verdadero interés en revitalizar al partido o en representar los intereses de los tlaxcaltecas. Es el claro ejemplo de cómo el PRI ha privilegiado los egos personales sobre el bien común.
No menos preocupante es la actitud de su suplente, Sonia Montiel quien por cierto acompaña al eterno candidato Enrique Padilla en la “única” plantilla a la renovación de la dirigencia estatal y cuya misoginia y falta de empatía con las causas feministas han alienado a una buena parte de la militancia femenina del partido. En un momento donde la lucha por la equidad de género es clave, esta postura representa un retroceso inadmisible.
La columna completa, aquí: