Señorío Tlaxcalteca… El intento fallido de Lorena por extinguir el
La “interminable derrota” con la que Albert Camus recrea y reinterpreta una de sus obras maestras “El mito Sísifo”, puede explicar nuestra realidad política (y ahora judicial) mexicana.
Como Sísifo, los mexicanos estamos condenados a subir un hombre o mujer a la silla presidencial, para luego caer y volver a subir a otro; y así, sexenal y eternamente. Nos gusta entronizar presidentes, nuestro destino histórico es ese, desde el michoacano Lázaro Cárdenas, emprendemos la empinada cuesta arriba a Palacio Nacional, elevamos un personaje al alto sitial del poder, para luego arrojarlo al precipicio.
Recordemos que Sísifo es un célebre personaje griego, fundador de Corinto, astutísimo, que se pelea con Zeus y fue capaz de vencer al dios la muerte, Tánato. Mientras triunfó Sísifo nadie falleció en la tierra, pero el desafío le costó caro: Zeus condena a Sísifo a subir eternamente una pesada roca a la cima de la montaña, y cuando llega a la cúspide vuelve abajo, para que Sísifo reemprenda irreparablemente su tarea de empujar el pedrusco, nuevamente, al monte. El premio Nobel Camus jugó con esa narrativa, y la hizo cuestión de vida y muerte, ciclo vital de nacer, crecer, empujar la piedra, morir y volver a nacer. Triunfar, perder, y de ser posible “fracasar mejor” (Beckett).
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