Señorío Tlaxcalteca… El intento fallido de Lorena por extinguir el
Cierre el pico
Opinión de
Estos días en que el nepotismo de la política mexicana se ha puesto en primera línea de fuego tras ser enviada al Congreso la ley de la presidenta Claudia Sheinbaum para combatirlo, no ha habido expresión más desafortunada que la pronunciada por el morenista Félix Salgado Macedonio. El senador, que no pudo presentarse a gobernador de Guerrero por el escándalo que pende sobre él, acusado de violación, dejó a su hija como sustituta, pero insistía en postularse otra vez en 2027. Cuando el Senado votó por aplazar la ley hasta 2030, el supuesto violador lo celebró diciendo: ¡Hay toro! Es decir, que todavía tendríamos que ver a su señoría, al que así apodan, el Toro, en cargos públicos. Salgado Macedonio parece no ser consciente del repudio que genera en muchos correligionarios y del daño que hacen a su partido candidaturas como la suya. O le vale un kilo de sorbete.
El rechazo que despierta saber que un personaje como Salgado Macedonio ocupará un cargo público va más allá del nepotismo. No fue el nepotismo lo que sacó a decenas de mujeres a las calles al grito de ¡un violador no será gobernador! No, no fue el favoritismo lo que ocasionó las execraciones de políticas y simpatizantes de Morena aquel abril de 2021. Y lo lograron. A medias, porque el señor se colocó de Senador y su hija de gobernadora. Al menos la ciudadanía no tuvo que comerse aquel sapo. Aquellos días, quienes lo defendían, y no eran pocos, también en Morena, decían que su caso no había sido juzgado, por tanto, debía prevalecer la presunción de inocencia. Si bastara con considerar inocente en México a cada delincuente que se libra de la justicia o queda en la impunidad tras pasar por tribunales, no se estaría remodelando el sistema judicial, verdad. Vean estos datos que ofrece la organización Impunidad Cero: de cada 100 delitos que se cometen en México, solo 6,4 se denuncian; y de cada 100 que se denuncian, solo 14 se resuelven. “Esto quiere decir que la probabilidad de que un delito cometido sea resuelto en nuestro país es tan solo de 0,9%”. Aterrador, ¿no?
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