“Herederos” en desgracia y la hora de Claudia
Opinión de
El informe de gobierno de Claudia Sheinbaum ofrece una oportunidad valiosa para dejar en claro, ya, que el poder presidencial no puede fragmentarse ni heredarse en ínsulas, como lo ha demostrado el ruidoso derrumbe político de Adán Augusto López, Gerardo Fernández Noroña y Andrés “Andy” López Beltrán al intentar representarse desde sus espacios como usufructuarios de una parcela legada por el exmandatario Andrés Manuel López Obrador.
La evolución de estos personajes los confirma como actores menores en una trama compleja, tanto en el frente nacional como en el externo. Esta semana hará coincidir el momento clave previsto constitucionalmente para la tarea de Sheinbaum Pardo -su reporte sobre el estado de la nación- con el espacio en que deberá plantarse personalmente ante Marco Rubio, jefe de la diplomacia, y otros emisarios de la Casa Blanca más altisonante que registre la historia moderna de la relación binacional.
Bajo ambas circunstancias debe esperarse que desde Palacio se manifieste que, en el caso de Claudia Sheinbaum, sigue siendo pertinente la frase improvisada hace 91 años por Lázaro Cárdenas durante su toma de posesión –“he sido electo presidente, y seré presidente de México”-, ante la percepción generalizada de que existía un “hombre fuerte” detrás de la Presidencia formal. Lo mismo ocurriría tras la salida de Luis Echeverría (1976) y la de Carlos Salinas de Gortari (1994). Porque la historia sirve para algo.
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