La rebelión contra Sheinbaum
Opinión de
Aparentemente atada de manos, la presidenta Claudia Sheinbaum hizo lo que tenía a su alcance como medida preventiva para que los escándalos por los viajes y lujos en los que se han visto involucrados personajes de Morena, no le peguen a su gobierno. Después de que fue visto en un lujoso hotel de Lisboa, Mario Delgado, el secretario de Educación, exigió a su gabinete que debían actuar sin excesos ni exhibicionismos, porque podrían ser despedidos. Sheinbaum está tratando de corregir la prepotencia y arrogancia que está caracterizando el segundo piso de la cuatroté, aunque sus posibilidades reales de hacerlo de manera integral, son limitadas.
La decisión de Sheinbaum es consecuencia del escándalo generado por las fotografías de personajes de Morena que gozaron de vacaciones de millonarios en Europa, y las de Andrés López Beltrán, secretario de Organización del partido, en Japón. Aunque en el caso de los políticos en Europa fue un trabajo del Centro Nacional de Inteligencia para exhibirlos, los excesos que revelaron las comparaciones de los costos de hoteles superó el objetivo de meramente ponerlos en una vitrina para debilitarlos. Inesperadamente, le abrió una oportunidad para beneficiarse políticamente.
Fue un golpe tan bien centrado, que se generaron las condiciones que le habrían facilitado cambiar a los quintacolumnas que tiene enfrente: a Ricardo Monreal, como coordinador de los diputados de Morena, que se fue de fiesta a Madrid con el vicecoordinador de los legisladores, Pedro Haces, y por razones diferentes, sustituir al coordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López, envuelto en un escándalo sobre su presunta participación con el crimen organizado. Pero en ningún caso, pese a su desprestigio público, procedió.
La columna completa, aquí: