Sana, sana…
Historia de
Después de su discurso incendiario acusando al Departamento de Justicia de Estados Unidos de injerencia a través de las peticiones de extradición, la presidenta Claudia Sheinbaum quiso matizar sus palabras eximiendo de responsabilidad al presidente Donald Trump.
“Yo no creo que sea el presidente Trump, sino los grupos ultraconservadores que no quieren que tengamos una buena relación’’, dijo ayer en la Mañanera.
El tema es que después del mitin político (porque informe de resultados no lo fue), alguien debió decirle que para qué le atizaba al fuego, cuando el Gobierno mexicano ni siquiera conoce las declaraciones de los hijo del Chapo Guzmán o del Mayo Zambada, entre otros potenciales informantes que buscan beneficios penales.
La respuesta no se hizo esperar.
Fue, eso sí, bastante diplomática, pero conociendo cómo se maneja el presidente Trump, parece que será solo el inicio del enfriamiento de la relación entre ambos países.
Primero, el embajador Ronald Johnson, publicó en sus redes un dolido mensaje en el que lamentaba el tono del discurso de la Presidenta.
“La lucha contra los cárteles debe unirnos, no dividirnos. Las personas en ambos lados de nuestra frontera desean vivir con seguridad y en paz. Merecen vivir libres de la intimidación, la corrupción y el miedo que generan los cárteles.
“Cada momento que dedicamos a convertir este desafío compartido de seguridad en una discusión política, es una oportunidad perdida para fortalecer nuestra cooperación y proteger a las personas a las que servimos’’.
No hubo gritos ni sombrerazos, solo un mensaje aparentemente inocuo que lleva en las entrañas un tono de amenaza que no se puede ignorar.
México y Estados Unidos se encuentran en negociaciones de un tratado comercial del que depende la economía de nuestro país, por más que tratemos de convencernos que “existen otros mercados’’.
¿Tendrá efectos en la negociación el discurso ultra nacionalista de Sheinbaum?
Probablemente, pero eso se verá en las próximas semanas.
La otra parte de la respuesta del gobierno de Estados Unidos corrió a cargo de la juez Katherine Polk Failla, que lleva el proceso del exsecretario de seguridad pública de Sinaloa, el general Gerardo Mérida, quien tuvo su primera audiencia en el juzgado de Brooklyn, en New York.
La juez dijo que, en el caso de Mérida, “hay evidencia abundante’’.
“Hay muchos acusados en este caso y están llegando en olas’’, afirmó.
No se sabe si se refería solo a la petición de detención con fines de extradición de 10 funcionarios y exfuncionarios, entre ellos el gobernador Rubén Rocha Moya, o si estaba adelantado más peticiones en el futuro cercano.
Como sea, era ingenuo que el gobierno trumpista dejara pasar señalamientos como los que hizo la presidenta Sheinbaum el domingo, sin que hubiera una reacción en la misma proporción.
Como dicen en el rancho, “estás viendo que el niño es chillón y lo pellizcas’’.
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No es la primera vez que Morena en el Congreso presenta un pronunciamiento “de apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum’’, sin antes haberlo presentado para su discusión en las respectivas Juntas de Coordinación Política.
Usando un lenguaje tramposo, Morena presenta esos documentos como si hubieran sido aprobados por todos los integrantes de la Mesa Directiva o por todas las fracciones partidistas.
Ayer ocurrió de nuevo, pero en la reunión de la Comisión Permanente.
Lo grave del asunto no es que nuevamente quisieran engañar al pueblo bueno y sabio, sino que fue la propia presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, la hija de un ícono en la lucha por la democracia, la que leyera el tramposo documento.
@adriantrejo