Opinión de Carlos Marín
¿Alguien medianamente informado y con elemental sentido común creerá que la presidenta Claudia Sheinbaum está convencida de que la mejor persona para encabezar la Comisión Nacional de los Derechos Humanos es Rosario Piedra Ibarra? ¿O dudar de que lo que hacen las mayorías lopezobradoristas en el Congreso no requiere del permiso sino de una orden presidencial, en primera instancia, o mejor aún, del fundador y líder único del Movimiento de Regeneración Nacional?
Porque, como se ha visto, de lo que se trata es de seguir complaciendo los caprichos de quien impuso hace cinco años a Piedra: Andrés Manuel López Obrador.
La ratificación de la señora no estaba definida porque dos terceras partes de la bancada de Morena en el Senado estaban por apoyar a cualquiera de las otras dos candidatas, pero ayer optaron por votar a favor de lo que representan: lacayismo y mediocridad.
Por la tarde comenzó a circular en redes un mensaje de la reportera Leti Robles de la Rosa, de Imagen tv:
¡¡EXTRA EXTRA!! El senador @adan_augusto quiere entregarle las boletas de votación para la @CNDH a todos los senadores de Morena, PT y Verde YA VOTADAS a favor de @RosarioPiedraIb.
“No es que desconfíe de ustedes, pero hay que garantizar los votos”, les dijo.
Había pedido que le pusieran el nombre a las boletas.
Insólito.
Esta segunda imposición de Piedra la resentirán las víctimas de violación a sus derechos humanos, pero quien resulta más afectada en lo personal es la presidenta Sheinbaum, porque el episodio revela que vive en Palacio Nacional pero quien gobierna es el que habita su finca en Palenque.
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