Hasta ahí todo podría justificarse: el hijo ayuda a su papá a que le vaya bien al estado.
Pero la historia se complica. Se pasa de los incentivos económicos al franco conflicto de interés:
El gobernador le otorga a la empresa china un terreno de 150 hectáreas, con valor de 360 millones de pesos. El gobernador dictamina que esas 150 hectáreas van a ser Recinto Fiscal Estratégico, es decir, una zona libre de impuestos. Las 150 hectáreas están a menos de dos kilómetros de la frontera con Estados Unidos, puerta de entrada para vender sus gorras. Las 150 hectáreas eran de ejidatarios. Para dárselas a la empresa china, los ejidatarios pasaron sus tierras a un fideicomiso. El fideicomiso lo maneja el hijo del gobernador.
La cosa se va poniendo francamente truculenta conforme aparecen más detalles:
El administrador único y gerente en dos filiales mexicanas de la empresa china es el secretario de Bienestar de Sonora. Ese secretario es socio del hijo del gobernador en cuatro empresas. Esas cuatro empresas fueron fundadas justo después de que Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales y se sabía que el papá iba a estar en su gabinete.
La información completa, aquí:
El truculento caso del gobernador Durazo, su hijo y sus amigos chinos